Su alevosía se fue
tornando en silencio.
Cuando el mendigo se enamoró,
se volvió silencioso primero, luego suave. Por eso
susurraba palabras de amor.
Hay mendigos que piden con humildad,
otros lo hacen con alevosía porque están
resentidos contra la sociedad.
La narradora se da cuenta de la
transformación que ha hecho el amor en el mendigo.
Ahora no es alevoso (adj.) porque ama a alguien.